GENEROSIDAD PERSONAL A COSTA DE LOS DEMÁS

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Efectivamente, ser generoso con el dinero de otro es lo más fácil del mundo: quedas bien, no ves límite para usarlo, y además, los inconscientes e ignorantes (los más abundantes en la especie humana), te lo aplauden, como si les ayudaras a ellos y no les costara nada.

No sé si recordáis aquella “moda moral” que se instauró en nuestros médicos (por poner el primer ejemplo que se me viene a la cabeza), donde ellos (algunos), muy solidarios, se rebelaron contra lo establecido, y comenzaron a envalentonarse ninguneando a la Seguridad Social, y a los directores de centros de salud y hospitales privados, diciendo que ellos, aunque viniera alguien sin documentación para poder ser atendidos médicamente, lo harían gratis. ¿Recordáis aquello?, ¿sí?… ya pasó a otro nivel del olvido, claro… claro… porque ellos quedaban muy bien de cara a la parroquia, sí, ¡pero las tiritas, vendas, instalaciones, máquinas de rayos X, análisis, medicinas, etc… las pagábamos los demás de nuestro bolsillo, o el dueño del hospital: así cualquiera ¿ que sí?; pero todo cambió cuando se les obligó a que PAGARAN todo lo que usaran y no fuera de su propiedad. Ahí se les acabó la solidaridad.

Porque, claro, ¿quién es ese médico para disponer de mi dinero?, mejor dicho, ¿quién le auotoriza a él a decidir en qué se gasta el dinero de los contribuyentes para hacerlo en forma distina a la que se le ha confiado?, ¿eh?. Con eso no contaban, no… claro que no… generoso, SÍ, pero con las cosas de los demás, con las suyas ya no.

Otro aspecto a tener en cuenta, es la falsa generosidad humana, que también existe, y más abundantemente de lo que creemos, pero como esa reside en nuestra conciencia personal, a menudo la escondemos para que no nos haga daño: me refiero a que muchas personas son generosas (ésta vez con lo suyo), pero no por el otro ser humano, sino porque limpian su conciencia: esa actitud anula toda la posibilidad de generosidad pura. Esas personas no son generosas, no son solidarias; esas personas son tranquilizadoras de conciencia: es más, si les ven ejerciendo esa acción (dar magdalenas a un desfavorecido, por ejemplo), ¡mucho mejor!, porque su tranquilidad de conciencia, además, ha sido contemplada: han triunfado en ese momento.

Luego, ni los primeros ni los segundos mencionados, se vuelven a acordar de las personas con las que fueron generosas, precisamente, porque no lo fueron. A solas, en su casa, o con sus amigos, esa generosidad solidaria pasa a un pozo oscuro, y tapado, que no vuelve a aflorar hasta que no tiene la oportunidad de usar lo de otros para quedar bien, o limpiar su conciencia para tranquilidad personal.

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